La laboral, le dicen reforma, pero no lo es

El gobierno presentó un proyecto de reforma laboral con el que se recuperaría parte de lo perdido, del derecho individual, con las leyes 50 y 789, pero ataca a los trabajadores con recortes en el derecho laboral colectivo, se anuncia que la “reforma” estará al servicio del aumento de la productividad.

 

El aumento de la productividad es para los ricos

En la exposición de motivos del proyecto de ley se indica que: “Esta iniciativa además de paliar los efectos de la Ley 50 de 1990 y de la Ley 789 de 2002 sobre los derechos de las y los trabajadores, contribuirá en el proceso de adecuar las condiciones que permitan el aumento de la productividad del país”.

En el sistema capitalista el aumento de la productividad no favorece a los trabajadores. Si eso fuera así, con el grado en que ha aumentado la productividad en las últimas décadas, se debió haber reducido la jornada laboral por lo menos a 20 horas a la semana, y se pagaría, al menos, como salario mínimo, el equivalente al costo de la canasta básica, dos millones de pesos. Por el contrario, lo que ha sucedido es que el salario real ha disminuido, en muchos casos las horas de la jornada laboral han aumentado, y con ello el desempleo.

 

Explotación laboral decente

El texto menciona “el propósito de materializar el trabajo decente como pasaporte de ciudadanía”.

Pero el trabajo en el sistema capitalista es la explotación de la fuerza de trabajo. Los trabajadores producimos más de lo que cuesta nuestro salario, por lo tanto, dejamos un excedente, la plusvalía, que es apropiada por el empresario. Concebir el trabajo decente y digno en el capitalismo, equivale a concebir una esclavitud decente y digna en el sistema de producción esclavista.

El trabajo decente es una campaña ideológica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), institución que funciona como ministerio mundial del trabajo al servicio de los capitalistas. Aceptar esa campaña es defender el sistema del trabajo asalariado, defender la explotación laboral.

Que los trabajadores luchemos por mejores condiciones de vida y reformas laborales, es una necesidad, pero no por ello debemos aceptar el sistema asalariado de explotación de la fuerza de trabajo como algo natural y eterno.

Lloran los ricos

Los empresarios lloran porque con el proyecto de reforma se recuperaría parte de lo perdido con las contrarreformas de las leyes 50 y 789. Nuevamente, contrato formal para los aprendices del Sena; horas extras después de las 7:00 pm; contrato de trabajo para las trabajadoras del servicio doméstico, para los campesinos, trabajadores de plataformas, artistas, periodistas, e inmigrantes; aumento de las semanas de maternidad, entre otras. Pero buena parte de estas medidas se aplicarán en forma progresiva en los próximos años.

 

Ataque a los trabajadores en el derecho colectivo

Hay una parte del proyecto que los medios de comunicación no mencionan, del que tampoco se quejan los empresarios. Es lo que le da carácter de contrarreforma. Se ataca a los trabajadores en el derecho colectivo anulando a los sindicatos de empresa para reconocer, en la práctica, solo a los sindicatos de industria que tengan mayor número de afiliados. Así los trabajadores perdemos uno de los mecanismos para defender la estabilidad laboral: los fueros sindicales. Mecanismo utilizado ante la persecución sindical con despidos cuando los trabajadores se afilian a un sindicato.

Se puede argumentar que, con tantos sindicatos en una misma empresa, el proyecto permite centralizar y fortalecer los sindicatos. Pero en realidad eso está al servicio del control de la organización de los trabajadores a manos de las altas burocracias sindicales y los sindicatos patronales, que existen y los que crearán los empresarios bajo su control, así el mismo proyecto lo prohíba en el papel.

Se recorta el derecho de negociación colectiva al impedir que los sindicatos pequeños presenten pliegos de peticiones, se pierden fueros sindicales y se recorta el derecho a la huelga al condicionarla a que hay que concederle dos días al patrón para que desocupe la fábrica y traslade la producción a otro sitio mientras se hace efectivo el cese de actividades.

 

Si no se limpia el camino no es posible una reforma laboral

El proyecto del gobierno dice: “Esta iniciativa además de paliar los efectos de la Ley 50 de 1990 y de la Ley 789 de 2002…”.

Los trabajadores no necesitamos paliar los efectos de las contrarreformas laborales del neoliberalismo, lo que necesitamos es una verdadera reforma laboral, pero para ello se debe limpiar el camino derogando las leyes 50 y 789. De lo contrario no habrá reforma laboral posible.

 

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