El engaño a los campesinos: Acuerdos de la Habana

La izquierda y el gobierno han vendido la idea que los Acuerdos de La Habana son el camino para dignificar al campesino y devolver la capacidad agrícola al país. Nada más falso, pues lo firmado no se interpone a la política de modernización del campo, vía una mayor concentración de la tierra en los terratenientes y las multinacionales, al tiempo que el campesinado seguirá empobrecido y despojado de su tierra.

Autor: Andres Perez

 

Qué se aprobó en los acuerdos de la Habana

En la página 15 del nuevo acuerdo se puede leer “El Fondo de Tierras, que tiene un carácter permanente, dispondrá de 3 millones de hectáreas durante sus primeros 12 años de creación.” Estimativos indican que fueron despojadas 6,6 millones de hectáreas a campesinos durante las últimas dos décadas, así los acuerdos de la Habana ni siquiera cumplen con devolver completamente lo despojado a las víctimas. Más irónico es llamar Reforma Rural Integral a un acuerdo que no plantea la distribución de la tierra, un engaño completo a los campesinos pobres, jornaleros y víctimas, al creer que puede existir una reforma rural manteniendo el campo en manos de terratenientes. Los acuerdos dicen que se legalizarán (proceso de escrituración) 7 millones de hectáreas, lo que hay que entender que es distinto a reparto. Pero lo utilizan para confundir y hacer creer que la Reforma Rural Integral incluirá esos 7 millones.

Los defensores de los Acuerdos saldrán a decir que estos sí contemplan tierra para los campesinos, para entender su error es necesario explicar detalladamente como del total de la tierra productiva solo dejan migajas para los campesinos y jornaleros.

Colombia es un país con 43 millones de hectáreas con vocación agropecuaria (Dane: 2014). En el mismo informe del Censo agropecuario del Dane[1], también se puede leer que las propiedades de más de 1.000 hectáreas ocupan el 61.2% del territorio productivo, y que estas propiedades solo representan el 0.2% de los predios privados. Mientras las pequeñas fincas (menores de 5 hectáreas) representan el 73.7% de las propiedades a nivel nacional y ocupan solo el 3,2% de las tierra con vocación agropecuaria. Prácticamente es imposible concentrar más la tierra, pero el plan es hacerlo.

Es de conocimiento público que la tierra está concentrada por terratenientes, sean estos personas naturales, empresas nacionales o multinacionales. Si estos señores tienen los derechos sobre el 61.2% de la tierra con fines agropecuarios, se puede deducir que en sus manos hay más de 26,3 millones de hectáreas. Mientras que las pequeñas propiedades (menos de 5 hectáreas) solo corresponden a 1,3 millones de hectáreas.

Durante las negociaciones de La Habana, los comandantes guerrilleros dijeron hasta la saciedad que la propiedad privada (incluida la tierra) no se va a tocar, es decir que no se puede expropiar las grandes extensiones de los terratenientes, y en los Acuerdos quedó así “Los procedimientos de expropiación administrativa por motivos de interés social y utilidad pública y la extinción administrativa del derecho de dominio por inexplotación (extinción del dominio sobre tierras incultas) se aplicarán de conformidad con la Constitución y siguiendo los criterios establecidos en la leyes vigentes.” Después de reconocer que la mayor parte de la tierra productiva colombiana está en manos de unos pocos, a qué ingenuo se puede engañar diciendo que los pequeños campesinos, poseedores de esas diminutas propiedades, serán beneficiarios ampliamente de tierra, si está se encuentra en manos de privados actualmente.

Incluso, ¿cuál será el escenario después de la implementación de los Acuerdos de La Habana para los campesinos pobres y jornaleros que son la mayoría de los habitantes del campo, si las dichosas 3 millones de hectáreas solo representan el 7% de la tierra productiva en Colombia? ¿Será esta la forma para solucionar la pobreza en el campo? ¡Mentiras nada más! una extensión como el departamento del Cauca que es lo prometido en los Acuerdos de La Habana, dividida en las aproximadas 2 millones de familias que viven el campo no serán suficiente para subir el nivel de vida de las familias campesinas y jornaleras cuando en promedio los trabajadores del campo ganan $503.474 al mes (Escuela Nacional Sindical: 2016), un ingreso que apenas representa el 55% del ingreso promedio nacional y el 78% del salario mínimo.

La misma Escuela Nacional Sindical[2] informa que el 56.8% de la población de los centros rurales poblados y dispersos se considera pobre, y 36.6% considera que sus ingresos no alcanzan ni para cubrir los gastos mínimos del hogar. Lo único que rodea a los campesinos es el hambre y las necesidades, pero supuestamente los Acuerdos de La Habana con sus promesas lo solucionarán todo, a lo cual se debe responder como lo han hecho los indígenas Nasa[3]

“Hemos aprendido a leer que ´acuerdo´ significa incumplimiento. Ya sabemos que ´siéntese´ significa ´ríndase´. Sabemos ahora que una firma es la representación gráfica de la trampa y la mentira. Sabemos que nos prometen el cielo para no darnos la tierra. Sabemos que no nos tienen que dar nada porque ya es nuestra. Y sabemos que la única firma que aceptamos es la que se ponga en la escrituración de estas tierras a sus legítimos dueños. Y sabemos que lo que se escribe en esa escritura es la libertad de Uma Kiwe.”

 

Una verdadera propuesta para los campesinos y jornaleros

Si en realidad se quiere una Reforma Rural Integral se debe partir de expropiar la tierra a los grandes terratenientes (muy distinto a como lo pactaron las FARC), y entregarla a asociaciones de campesinos y jornaleros. Esta tierra, en manos de las asociaciones de campesinos tiene tres fines por la vocación y tipo de producción: agrícola, pecuaria y agroindustrial.

Agrícola: como la mayor parte de la tierra en Colombia esta subutilizada alimentando vacas, primero se debe expropiar a estos terratenientes y ganaderos, una parte para ser entregada a asociaciones de campesinos y jornaleros, y los territorios que reclaman los pueblos indígenas. El Estado deberá dotar de maquinaria y personal calificado (técnicos e ingenieros) para generar producción masiva de vegetales, tubérculos, frutas, cereales, etc. que tanta falta hacen.

Pecuaria: los mismos jornaleros que hoy atienden esas grandes haciendas ganaderas pueden seguir administrando su trabajo y produciendo lo necesario para las familias en las ciudades y el campo.

Agroindustrial: las grandes extensiones y las grandes plantaciones de palma, flores, banano, arroz, etc. deben ser estatizadas y tener control por parte de los trabajadores agrícolas que laboran en ellas.

Otros: ni una sola palabra se menciona en los Acuerdos de La Habana sobre la reducción del precio o subsidio a los fertilizantes. En 2013 y 2014 miles de pequeños y medianos empresarios del campo han denunciado el cartel que existe para importar los fertilizantes desde el exterior, lo cual hace imposible competir con otros países en producción de alimentos. Los defensores del engaño dirán que toda la cháchara de subsidios y planes nacionales contienen una solución al problema, sin embargo este camino es solo una forma para seguir permitiendo que ese cartel se siga enriqueciendo con el hambre de los colombianos. El Estado debe monopolizar la importación de estos fertilizantes y entregarlos subsidiados a los pequeños campesinos.

La Reforma Rural Integral de la Habana pasará a la historia como un vil engaño a los campesinos, engaño que lo pactó y vendió la misma izquierda que dice defender honestamente a los pobres del campo y la ciudad.

 

[1] Dane, 2014. Boletín de la Primera Entrega del Censo Nacional Agropecuario. Tomado de https://www.dane.gov.co/files/CensoAgropecuario/entrega-definitiva/Boletin-1-Uso-del-suelo/1-Boletin.pdf

[2] Escuela Nacional Sindical, 2016. El fin del conflicto con las FARC y los derechos de los trabajadores del campo. Tomado de http://ail.ens.org.co/informe-especial/el-fin-del-conflicto-con-las-farc-y-los-derechos-de-los-trabajadores-del-campo/

[3] Lo que vamos aprendiendo con la liberación de Uma Kiwe. Tomado de http://www.nasaacin.org/editoriales/7987-lo-que-vamos-aprendiendo-con-la-liberaci%C3%B3n-de-uma-kiwe