Para sacar al gobierno criminal de Duque ¿Referendo o movilización?

El parlamentario Roy Barreras, conocido político oportunista y camaleónico, acérrimo santista que se ha ubicado en oposición al gobierno de Duque, ha presentado la propuesta de un referendo cuyo eje sería una reforma constitucional para que se permita la revocatoria de mandato presidencial, dado que esta figura hasta el momento únicamente se aplica a los mandatarios locales.

Autor: Comité Ejecutivo – PST

En una mirada superficial se podría decir que los socialistas coincidimos con los propósitos de Barreras. Desde luego estamos por la salida de este gobierno odiado por las masas, responsable de penurias y muertes, que ha aplicado sin piedad planes de ajuste anti-obreros durante una pandemia, que se ha burlado literalmente de las necesidades de los más vulnerables. Igualmente, como socialistas estamos porque todos los cargos públicos sean revocables. Pero ¿en realidad tenemos iguales propósitos?

¿Para qué impulsar un referendo en este momento?

Todos los mecanismos de la democracia burguesa, elecciones, referendos, plebiscitos, o demás tienen como propósito ser la fachada democrática de la dictadura de los poderosos y canalizar, en ilusiones generalmente vanas, la rabia y el descontento popular que se acumula. Son lo que se llama un embeleco, un espejo de colores para entretenernos y evitar que llenemos las calles.

El mecanismo de la revocatoria, como todos los mecanismos de participación en la democracia burguesa, está diseñado para impedir que la salida de un cargo de elección popular sea producto de la decisión popular y aparezca como una victoria de la democracia, pero más concretamente es un mecanismo para impedir y dilatar los procesos de movilización que puedan tumbar mandatarios.

En Chile, el proceso constituyente es el resultado de enormes movilizaciones, pero al tiempo es un mecanismo para contener la furia popular y evitar que se salga de los cauces de la democracia burguesa y el Estado capitalista. Se intenta lavar la cara a la “democracia” para evitar que las masas arranquen el poder a los poderosos.

Estos mecanismos no están diseñados para que minorías y grupos de ciudadanos del común puedan participar de la política, sino para restringir y prácticamente eliminar ese derecho para la enorme mayoría de la población. ¿Por qué decimos esto? Veamos, para que este referendo logre siquiera llevarse a las urnas, se requiere la recolección de al menos 2 millones de firmas, las cuales deben ser validadas por la Registraduría Nacional, y luego de eso nuevamente se tendrían que recoger millares de nuevas firmas para aspirar a la votación de una posible revocatoria del mandato presidencial.

La inutilidad de la recolección de firmas

En nuestra historia reciente esto sucedió al menos dos veces, en la primera un grupo de jóvenes de ideologías liberales impulsaron la creación del Partido del Tomate, recogieron 90 mil firmas, casi el doble de las necesarias, pero el Consejo Nacional Electoral modificó su normatividad, impidiendo que los movimientos significativos de ciudadanos pudiesen modificar las listas de candidatos, por medio del concepto 3424, impidiéndoles la participación en las elecciones del 2014 al Congreso de la República. Como último requisito debían pagar unas pólizas de seriedad, según lo establecido en la Resolución No.1895 de 2013, por 230 millones de pesos, dinero que no se alcanzó a recaudar. Luego sus líderes terminaron absorbidos por el Partido Liberal, pero independientemente de sus ideales el hecho es que demostraron que este derecho no es real como lo hacen ver.

Como Partido Socialista de los Trabajadores ya pasamos por esta experiencia de la recolección de firmas cuando fue promulgada la Constitución del 91 y nos fue suprimida la personería jurídica. Recogimos más firmas de las que se exigían. No nos validaron varias decenas de miles, volvimos a recoger y a cumplir la meta, pero finalmente decidieron que no nos reestablecerían la personería jurídica. En cambio, personajes que no tienen nada de nuevos o de ciudadanos del común, como Vargas Lleras, sí han usado estos mecanismos para reencaucharse.

El otro ejemplo reciente es el proceso de revocatoria contra el alcalde Peñalosa en Bogotá, cientos de los mejores activistas capitalinos desgastaron sus fuerzas y su tiempo en agotadoras jornadas, igualmente al servicio de este plan fueron puestas las más poderosas organizaciones de los trabajadores como Sintrateléfonos, la lucha callejera fue aplazada por las direcciones que orientaron en reuniones y asambleas concentrar las fuerzas en el proceso de revocatoria, en contra de la política de impulsar el paro cívico distrital.

Fueron recogidas cerca de 700 mil firmas, muchas más de las necesarias, reflejando el odio de clase de amplios sectores hacia un alcalde que gobernó al servicio de los poderosos y de la multinacional Volvo (dueña de los buses Transmilenio), la registraduría invalidó miles de ellas, inventó nuevos requisitos como “demostrar que no cumplió su programa”, multó al comité de impulso y cuando ya era imposible negar que estaban cumplidos los requisitos se terminó el periodo antes que se pudiera someter a votación popular la salida del alcalde.

Ahora, ¿vamos a creer que por este medio es posible tumbar un presidente al que le quedan dos años, pasando por un proceso de referendo previo? Quienes lo impulsan saben que las posibilidades son mínimas, pero su interés está en las presidenciales de 2022.

¿Qué hacer si el referendo fuera mañana?

Si bien esto estaría sujeto al contenido real del mismo, por ejemplo, otras preguntas que se le puedan “colgar” y demás, si mañana nos preguntaran diga sí o no si están porque se permita la revocatoria de mandato presidencial, llamaríamos a votar sí; igualmente si nos preguntan sí o no quieren que se vaya Duque la respuesta es sí.

Estaríamos por participar si estas fueran las preguntas, no estamos por renunciar a los recortados derechos democráticos que existen, pero estamos completamente en contra de que las organizaciones de los trabajadores, los movimientos sociales y los activistas de izquierda gasten un minuto de su tiempo y escasos recursos en el estéril trabajo de recoger firmas.

Igualmente vemos que esta campaña es sin duda parte de la campaña de los presidenciables que intentan posicionarse como oposición al actual gobierno, mostrándose como alternativa cuando en realidad se proponen administrar las instituciones corruptas existentes sin cambiarlas. Estamos en contra de que la fuerza de la juventud, del movimiento indígena, de los trabajadores que resisten sea dilapidada en un proceso con muy pocas posibilidades de éxito, y estamos en contra de que las luchas sean utilizadas con fines electoreros.

A Duque hay que sacarlo con la movilización

Esta manera ha sido varias veces probada, para aquellos escépticos enumeramos algunos ejemplos: Sooronbay Jeenbekov en Kirguistán hace poco menos de un mes, Mustapha Adib del Líbano en agosto,  Elies Fajfaj de Tunez en julio; Ricardo Rosselló en Puerto Rico, Joseph Muscat en Malta, Adil Abdul-Mahdi en Iraq, Saad Hariri en Líbano, Abdelaziz Buteflika en Argelia, Omar Al-Bashir en Sudán, en 2019; en el vecino Ecuador en 2001 cayeron Jamil Mahuad y en 2006 Lucio Gutiérrez, en Argentina Antonio De la Rúa también 2001 y en 2004 Jean-Bertrand Aristide en Haití, por solo mencionar algunos.

¿Qué manera es esa? La lucha popular callejera, la movilización masiva es capaz de tumbar gobiernos de manera más que inmediata cuando tiene la fuerza suficiente, a esta le apostamos nosotros, debemos confiar en nuestras propias fuerzas. La manera más rápida y efectiva de salir del Gobierno es la unidad para realizar un paro general indefinido hasta que el gobierno caiga, es en este propósito que los luchadores debemos invertirle nuestras fuerzas.

 

 

 

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