Saludamos el VIII congreso de la CUT. (Apartes) Acerca de los problemas que el congreso de la CUT debe discutir

A esta central está vinculada la mayoría del escaso 4% de sindicalizados existentes en Colombia. Así, su VIII Congreso es un espacio donde se deberían discutir los problemas de los trabajadores y del pueblo colombiano. Allí tendría que ser elaborado, presentado y asumido un plan que apunte a defender lo ya alcanzado en la lucha, tanto como a avanzar en el terreno de lo reivindicativo con nuevas conquistas, propiciando herramientas que permitan confrontar la manipulación de la conciencia a la que también son sometidas todas las bases sindicales. Es necesario reconocer que son, precisamente, estas tareas las que no han sido asumidas en los congresos anteriores…

Los problemas
de los trabajadores

El desempleo y la “inseguridad ciudadana”

El problema de la “inseguridad ciudadana” no se resuelve, como se sigue proclamando, con más policía y más represión, sino atacando de raíz la causa principal: el desempleo y su manipulación al servicio de la acumulación capitalista…

(…) Uno de los problemas más agudos que padecemos los trabajadores es el desempleo, la ausencia de empleo estable con todas las garantías laborales y sociales. En la medida en que este crece, aumentan los atracos que, en muchas ocasiones, implican el asesinato. La falta de recursos para sobrevivir es su principal germen, cuando trabajadores desempleados y en estado de lumpenización despojan a los demás de sus pertenencias; hecho que se concreta en una especie de redistribución violenta del mísero salario…

Salario mínimo equivalente
al valor de la canasta básica

En Colombia, más de dos millones y medio de trabajadores ganan el salario mínimo, que solo llega a copar la mitad de lo que se necesita para sobrevivir. A muchos, dada la reorganización del trabajo, les pagan por debajo de su nominación. Debemos exigir que el salario mínimo sea el equivalente al costo de la canasta básica ($2.500.00), de tal modo que esté ligado a este incremento. Esto, solo se conseguirá en una lucha unificada entre trabajadores asalariados, no asalariados y desempleados.

La sindicalización

(…) Está bien tener como perspectiva una mayor unidad sindical, con menos sindicatos más grandes y poderosos; hay que lograr que los trabajadores se sindicalicen sin que sean despedidos o golpeados por la patronal cuando ejercen este derecho y lograr que se castigue, en forma efectiva, la persecución sindical y se derogue el artículo 140 del CST, con el cual se aísla a los dirigentes sindicales de las bases.

El proyecto de reforma laboral que ha presentado el gobierno, mantiene activos mecanismos que afectan a los trabajadores organizados en sindicatos pequeños y posibilita que la patronal organice sindicatos y los controle: el congreso de la CUT también debe sostener la consigna de la obligatoriedad de fuero sindical para todos los trabajadores sindicalizados.

Las reformas sociales

(…) De avanzar los proyectos de reformas sociales, tal cual los ha presentado el actual gobierno, y los “ajustes” ya anunciados por los alfiles de las fuerzas más retrógradas que controlan el régimen político, volveremos a perder. Por ejemplo, con la reforma laboral, si bien se postulan algunas reivindicaciones enmarcadas en el derecho individual, se pierden otras en el derecho colectivo: entre ellas, la huelga, que termina siendo recortada a favor de los empresarios. Algo parecido sucede con el proyecto de la salud, que no elimina a las EPS, ni acaba con la privatización de la salud; o con el proyecto de reforma pensional, donde se condena a muchos trabajadores a no poderse jubilar…

(…) No es posible conquistar estas reformas sociales si no se derogan las leyes 50, 789, y 100, así como el Acto Legislativo 1 de 2005 relacionado con las pensiones…

Sacar los principios de la gaveta

La CUT se fundó con unos principios de unidad y lucha, de independencia frente a los patronos y a los gobiernos, el internacionalismo proletario y la solidaridad con los pueblos y sectores que luchan, el antiimperialismo, la democracia obrera y sindical, la alianza de trabajadores con el campesinado pobre y demás sectores populares, entre otros. Pero muy pronto la socialdemocracia internacional se apropió de la dirección y se apoderó de todos sus espacios, engavetó los principios aceptando ser parte e instrumento de un gobierno neoliberal a través del presidente de la Central (Jorge Carrillo), nombrado ministro de Trabajo del gobierno conservador de Belisario Betancur, para hacer fluir la aplicación de los planes neoliberales…

Luego, esto se ha repetido una y otra vez con los gobiernos sucesivos que tuvieron activos ministros “sindicales”; mecanismo este que, en las condiciones actuales, permanece. Fue así como se desechó uno de los principales principios de la central: la independencia de clase frente a los patronos y a los gobiernos…

(…) En conclusión: el congreso de la CUT debe votar y asumir una resolución recuperando los principios, declarando la independencia frente al gobierno, la desafiliación a la CSI, la lucha por la derogatoria de leyes que dieron origen a las llamadas “contrarreformas”, por el fuero sindical para todos los sindicalizados, salario mínimo equivalente al costo de la canasta básica familiar, nombramiento en propiedad de todos los trabajadores tercerizados del Estado y eliminar la tercerización en el sector privado, frenar el asesinato de dirigentes sociales, la persecución y despido de dirigentes sindicales. Finalmente, asumir y contribuir a organizar la solidaridad internacionalista con el pueblo palestino sometido al genocidio sionista, es un aspecto clave…

Frente al gobierno

Petro dijo que, si era elegido presidente, impulsaría el cambio: uno que dé posibilidades de desarrollar el capitalismo con una política de concertación en la que, supuestamente, ganen tanto los empresarios como los trabajadores. Esta, además de una cuestión utópica, tiene un enfoque reaccionario. Lo reiteramos: la riqueza capitalista y su sed de acumulación tienen como fuente y fundamento la explotación de la fuerza de trabajo. El cambio que necesitamos los trabajadores exige eliminar la plusvalía, esencia del sistema de producción capitalista, instaurado y desarrollado en todo el mundo, como un sistema descompuesto y putrefacto, que destruye el hábitat de la humanidad y a la humanidad misma…

(…) Petro quiere y tiene que concertar todo con los empresarios y con los espacios orgánicos y operativos que generan e imponen las fuerzas imperialistas. Ellos aceptan que sus planes sean concertados para enriquecerse y acumular más, a costa de la desmejora sistemática de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores y la población. Ejemplo de ello son los mencionados proyectos de reformas sociales. Sin lucha en la calle, huelga en la fábrica y paro nacional, no habrá auténticas reformas sociales…

Es en la calle y no en el congreso

Ya se ha indicado que ningún cambio social es posible concertándolo con los capitalistas. Las contradicciones con los patronos se siguen desarrollando. El surgimiento marcado por el espontaneísmo del alzamiento nacional de las masas populares en 2021 señaló el camino para avanzar hacia cambios reales en favor de los trabajadores y la población desposeída. Entonces, se tumbaron dos ministros, una contrarreforma a la salud en favor de los empresarios y otra tributaria. No se pudo avanzar más. Las direcciones de las centrales sindicales que, en el 2021, en su mayoría obedecían a las orientaciones que llegaban desde el mismísimo Centro Democrático o sus aparatos, concretaron su afán en desmontar la movilización para prometer que el cambio se lograría desde el gobierno y presentando proyectos de ley en el congreso.

Es el sistema

Al margen de buenas intenciones, el gobierno de Petro es instalado en un régimen político autoritario y criminal que lo marca y condiciona, controlado por la burguesía mediante el entramado institucional típico de la democracia burguesa, que incluye el aparato paramilitar. Es claro que “ganar” el gobierno implica asumir, por vía institucional, que el resultado de los intentos de transformarlo redunden en, y terminen siendo, su propia defensa instalada para ser utilizada contra la clase trabajadora y el pueblo en general. Para los cambios que necesitan los trabajadores, el campesinado pobre, los pueblos aborígenes y el medio ambiente, es necesario desmontar el régimen político y derribar el mismo sistema de producción capitalista. Hay que enfrentar los planes imperialistas que impulsan contratendencias para mantener el sistema y aumentar la ganancia, reestructurando la división mundial del trabajo y aumentando el control de los gobiernos mediante la fraudulenta deuda externa contra la que hay que declarar el no pago.

No hay otro camino distinto al de la revolución, que avance hacia el socialismo y resuelva, entre otros, el problema nacional, incluida la liquidación de todo gamonalismo. Para ello hay que empezar, en nuestro terreno, retomando la senda del paro nacional.

 

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