2018: Elecciones, acuerdos de paz, asesinatos y luchas

Este 2018, está marcado por los procesos electorales que determinarán quienes van a conformar tanto el parlamento como el gobierno que sucederá al de Santos. Uno detrás del otro, los comicios irán delineando la configuración de las instituciones del régimen que los trabajadores deberemos enfrentar en los próximos cuatro años.

Autor: Comité Ejecutivo del PST.

El volumen del debate electoral ha ido subiendo entre los que defienden los acuerdos firmados y quienes no renuncian a la idea de ajustarlos para que los excomandantes pasen una temporada en la cárcel antes de sentarse en las curules parlamentarias. Unos y otros tratan de captar el voto obrero y popular enarbolando una falsa imagen del futuro inmediato que, o bien presentan como el retorno a la guerra, o bien identifican con la crítica situación venezolana.o deja de ser cierto que lo que la burguesía se propone en cada elección es renovar las instituciones con las cuales aplica los planes de sobreexplotación a los trabajadores. Sin embargo, estas elecciones han despertado toda suerte de expectativas y pasiones políticas por ser las primeras que se adelantan en medio de la implementación de los acuerdos de paz. La presencia de al menos cinco representantes y cinco senadores de la guerrilla desmovilizada en los “sagrados” recintos del Capitolio Nacional, han estimulado el fervor reformista de los que confían en que los excomandantes van a dar continuidad -por medios parlamentarios- al proyecto político que no pudieron materializar, en sesenta años, por la vía del alzamiento guerrillero. También ha desatado el odio virulento de los sectores burgueses y pequeñoburgueses más reaccionarios del país que no paran de señalar que, con las curules a las Farc, Santos ha iniciado la entrega del país al castrochavismo y por ahí derecho al comunismo.

Pero la realidad que la mayoría de los colombianos vamos a tener que soportar, está bastante lejos de esas dos hipótesis extremas que nos lanzan como anzuelos electorales. Los trabajadores no podemos caer en esa trampa. Tenemos que, a partir de una comprensión precisa de la realidad, definir una política independiente de todas las agrupaciones burguesas y reformistas que de respuesta a las necesidades que tenemos y que enfrente los planes de sobreexplotación que va a impulsar el próximo gobierno, cualquiera que sea su composición.

Los planes económicos van a continuar

Los gobiernos de Uribe Vélez y de Juan Manuel Santos no se diferenciaron en mucho en cuanto a los planes económicos. Se basaron en el extractivismo minero y energético y en la producción de materias primas. Esa estrategia económica, impuesta por el imperialismo mundial, trajo como consecuencia el saqueo de los recursos naturales, el enriquecimiento de las multinacionales y de sus aliados nacionales, el desborde de la corrupción, la desindustrialización y el aumento del desempleo y la miseria. Cuando la crisis económica del 2008 se extendió a nivel mundial y los precios de las materias primas se derrumbaron por la baja en la demanda, la burguesía colombiana no encontró mejor camino para defender sus ganancias que el de profundizar los planes de sobreexplotación de los trabajadores. Los controles salariales, las reformas pensionales, el aumento del IVA, la extensión de las jornadas laborales y la tercerización fueron el amargo pan de cada día en la mesa de los explotados. En Colombia se aplicaron con tal eficiencia que sigue ostentando el título de ser uno de los países más desiguales del mundo, de tener unas de las tasas de desempleo y subempleo más altas de América y de haber aumentado, en los dos últimos años, los índices de pobreza e indigencia.

El aumento de la pobreza de millones en un extremo y de la concentración de la riqueza en unos pocos en el otro es causado por el capitalismo. El sistema de la propiedad privada de los medios de producción ya no le garantiza a la humanidad el avance social. Al contrario, sus resultados más seguros e inmediatos son el aumento de la miseria y la destrucción del medio ambiente. Al capitalismo no le queda más camino para mantener sus ganancias que la sobreexplotación de los trabajadores y el saqueo de la naturaleza.

Las propuestas de gobierno de los candidatos presidenciales, desde Iván Duque y Vargas Lleras en la ultraderecha hasta Gustavo Petro en el extremo del reformismo, parten de la manifestación expresa del respeto y la defensa de la propiedad privada capitalista como base de la sociedad. Ninguno se propone la solución de raíz de los problemas de la pobreza, la corrupción y el deterioro del medio ambiente: sustituir el capitalismo y la explotación del trabajo con una sociedad basada en la propiedad colectiva de la riqueza social y en el trabajo libremente asociado.

Los planes económicos no van a cambiar con el nuevo gobierno. Cualquiera de los candidatos que se posesione como nuevo presidente va a aplicar, con diferencias de grado, planes de explotación similares y, por tanto, los trabajadores nos tenemos que preparar para combatirlo.

Elecciones, acuerdos de paz y asesinatos

Por encima de sus diferencias todos los burgueses, de Santos a Uribe, coinciden en que el desarme de las Farc es un logro. Aunque Santos está comprometido con la letra de los acuerdos, y los que los critican pretenden profundizar el proceso de sometimiento de los insurgentes, todos coinciden en la necesidad de terminar con el fenómeno guerrillero. En el discurso electoral las posiciones aparecen polarizadas, pero una vez instalado el nuevo gobierno –gane quien gane– va a obligar a un acuerdo para dar continuidad al proceso de desarme y desmovilización, incluyendo al ELN.

Entre tanto las bandas paramilitares siguen asesinando a los exguerrilleros que han quedado al frente del trabajo político en las antiguas zonas de influencia. A la fecha, las cifras de los organismos del Estado y las Farc coinciden en registrar al menos el asesinato de 33 desmovilizados, desde la firma de los acuerdos, que se suman a los 170 activistas de derechos humanos y de reclamación de tierras asesinados en el 2017 y a los 11 en el primer mes del 2018. Esta situación se agudizará si las direcciones de las Farc y de los trabajadores no organizan la movilización amplia y decidida que ponga freno a la acción de los asesinos, más allá de denunciar los hechos y de levantar “exigencias” al gobierno para que se proteja la vida de los excombatientes.

Luchas obreras y elecciones sindicales

La crisis económica empuja a la burguesía a imponer planes de sobreexplotación y estos, se convierten en el motor que impulsa a los trabajadores a la lucha. A pesar de que en muchos casos alcanzan altos niveles de radicalidad de las bases, la mayor parte de las veces terminan sin resultados o en abiertas derrotas, como consecuencia de la política de las direcciones mayoritarias que no se atreven a desafiar las instituciones burguesas ni a darle una perspectiva anticapitalista a la movilización. Así ocurrió con el paro de los maestros oficiales del año anterior. Fue levantado por la dirección, no obstante la amplia y combativa participación, a cambio de promesas que el gobierno ha incumplido sistemáticamente. Tal levantamiento se dio en un momento en el que se hubiera podido convertir en eje articulador de una lucha nacional articulándose con los paros del Chocó y Buenaventura. Otro tanto ocurrió con la huelga de los pilotos de Avianca a la que las direcciones de las centrales obreras no dieron la solidaridad y el apoyo necesarios para derrotar la reaccionaria actitud de la empresa y el gobierno. Culmino con un golpe al derecho de huelga de todos los trabajadores, cuando la Corte Suprema de Justicia, además de declararla ilegal, determinó que el transporte aéreo es un servicio público esencial y que es potestad de cada gobierno definirlo, contraviniendo lo determinado por los acuerdos de la OIT.

Los planes de sobreexplotación continúan, y las luchas obreras y populares van a seguir siendo protagonistas de la vida nacional. La situación es a tal punto agobiante que cualquier medida desata importantes reacciones de lucha, como quedó en evidencia con el repudio a los peajes en Urabá y las movilizaciones de los motociclistas en Bogotá. Son las indignas condiciones de trabajo e inseguridad las que obligan hoy a los trabajadores tercerizados de Indupalma a lanzarse a la huelga y a los obreros del Cerrejón a prepararse para una lucha similar.

Un semestre más que electoral

El futuro inmediato está signado por unas elecciones burguesas marcadas por los acuerdos de paz. Pero, justamente por eso, la coyuntura que se abre va a tensionar las contradicciones interburguesas en torno al manejo de las instituciones del régimen, pondrá en evidencia el papel del reformismo pequeñoburgués, desnudará el verdadero carácter de los acuerdos firmados entre el gobierno y las Farc, y le planteará a los trabajadores las tareas que deberán encarar para superar la actual situación de defensiva en la que se encuentran.

El factor de la dirección se ha tornado decisivo para que el resultado de los conflictos y la lucha política derive en favor de los trabajadores. Se impone, al lado de la batalla por organizar a los trabajadores temporales y tercerizados, la tarea de dotar a sus organizaciones de nuevas direcciones políticas y sindicales consecuentes y clasistas que inscriban las luchas por la defensa de los intereses de los trabajadores en la perspectiva de la destrucción del capitalismo. Los trabajadores de los sectores más explotados y los nuevos luchadores tienen la posibilidad, y la obligación, de postularse como alternativa de dirección frente a los dirigentes burocratizados de los viejos partidos reformistas  y de los grandes sindicatos y centrales obreras.

 

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