El Camarada Walter que conocí

Algún tiempo después de las movilizaciones estudiantiles de los años 70 en Cali y en todo el Valle del Cauca, empezó a llegar a la Capital del país, un número destacado de activistas socialistas, algunos con la experiencia de haber dirigido la famosa Federación Universitaria del Valle (FEUV).

Autor: A.R., Sept. 15- 2016.

 Esa fue una generación que fortaleció y ayudó a consolidar el trabajo de nuestra organización política en ese momento, el Bloque Socialista. Walter llegó de Cali poco tiempo después a Bogotá, pertenecía quizá a una generación algo más joven y no tanto proveniente del movimiento estudiantil, al menos no del sector universitario. Venía, eso sí, con el  antecedente de haber sido estudiante del Inem de Cali. Estos institutos de formación técnica contribuyeron a formar un tipo de bachilleres que engrosaron las filas del proletariado calificado, con un nivel alto de adiestramiento y una cierta perspectiva de mundo que les permitía percibir la explotación laboral con alguna claridad. Muchos de ellos como consecuencia, tomaron posturas de izquierda. Creo que ahí residen unos primeros elementos para comprender lo que fue la vida de nuestro camarada; un hijo de su tiempo y del ascenso de esos años. Walter fue tal vez una de las primeras y más auténticas expresiones de la proletarización que vivió el partido, después denominado PST y ligado a la Cuarta Internacional. Una de las lejanas imágenes suyas que conservo, se ubica en el barrio Policarpa Salavarrieta, que había sido fundado por el Partido Comunista y se hizo famoso por su combatividad. Si la memoria no me falla él estaba viviendo allí, en ese barrio obrero.

Con el tiempo, Walter se convirtió en nuestro militante estrella de la fábrica automotriz Colmotores. Ahí tuvo que afrontar las arremetidas de la patronal y de la burocracia sindical hasta que fue despedido de la empresa con otros trabajadores, sin que la organización gremial hiciera resistencia. Las tareas militantes de Walter continuaron a través de los años acompañando huelgas, movilizaciones y demás. Entre sus últimas participaciones importantes que recuerdo, está la del movimiento de los trabajadores petroleros de Pacific Rubiales y pobladores de Puerto Gaitán, en el año 2011; la empresa contaba con más de 12.000 trabajadores. Cerca de 4.000 obreros fueron despedidos. Walter viajaba permanentemente al sitio, vendía la prensa partidaria, hablaba con diferentes activistas, asistía a las asambleas.

Pero su última gran batalla tuvo que darla a mediados de 2012, ante la desaparición de Carolina su hija, militante del partido y activista estudiantil de la Universidad Distrital. Una tarde de comienzos de mayo, me llamó al celular diciéndome que me quería comunicar una mala noticia. Como él ya venía bastante enfermo y estaba pendiente de exámenes y opiniones médicas, pensé que se refería a su salud, que le hubieran diagnosticado lo peor. Nos encontramos. Con gesto de preocupación y algo de esperanza, me comentó lo que sabía hasta el momento sobre la desaparición de Carolina en Ecuador. Era muy pronto y quizá alguna explicación posible podría surgir. Pero pasaron semanas, meses y ya años. La realidad de los hechos le fue ratificando la convicción de que se trataba también de una lucha política. Movilizar, organizar, confrontar, desconfiar, ser combatiente. Esto no era nuevo para Walter. Era continuar la lógica de su vida militante. Cada vez que llegaba del Ecuador nos veíamos y me planteaba un análisis de la situación, de la compleja batalla contra el Estado y el corrupto sistema de justicia de Correa. Walter incluso se lanzaba por propia cuenta a construir hipótesis, a preparar argumentos para rebatir a jueces y funcionarios.  Pero su cuerpo orgánico le hacía resistencia al mismo tiempo, esa fue la otra parte de la realidad que lo fue cercando. La que le ganó finalmente.

No obstante, vale decir que la vida de Walter se prolonga en el partido, su persistencia, su obsesión por las tareas organizativas.  Mantener su memoria y ejemplo es para nosotros una consigna.

Adiós hermano, camarada.

Un Comentario

  1. Mara Sanchez Ramirez Egger

    Camarada Walter,

    Se que me lees, convencida estoy de que me escuchas.
    Nos cruzamos una vez en casa de mi hermano, entre pilas de libros
    y periódicos.
    Tomamos un café, hablamos del tiempo y de la lucha.
    Pensé que nos veriamos después y guardé mis palabras
    para un proximo encuentro.
    El momento ha llegado. Sabes que seguí tu combate incansable
    por tener de nuevo a Carolina entre tus brazos.
    Te vi de lejos en manifestaciones llevando el rostro de tu hija como escudo.
    No desfayeciste nunca en tu compromiso partidario.
    Me pregunto ahora, donde encontraste tanta fuerza y coraje.
    La respuesta me la susurraras al oido. Se de tu pudor y discreción.

    Hombres como tu viviran todos los años de la tierra,
    Hombres como tu nos invitan a creer en el hoy y en el mañana.

    Gracias camarada Walter por existir y permanecer entre nosostros.
    Nos tomaremos un café un día u otro día
    en esa esquina donde todos los sueños son posibles.

    Mara, hermana del camarada Juan de la Cruz Sánchez

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