¿Triunfó el paro de la Universidad Distrital? Lecciones del movimiento

Aunque siguen las mesas de negociación, ya existen elementos suficientes de juicio para hacer un balance. Hemos querido sacar las conclusiones que nos permitan mejorar para próximas luchas, sacar las lecciones de esta lucha.

Autor: Unidad Estudiantil  (UNES) -UD, 1 agosto de 2016.

El paro tuvo como principal bandera la derogatoria del Acuerdo 01 que reglamenta la elección del rector general. Este acuerdo se contrapone al proyecto de estatuto general propuesto por la comunidad universitaria, conocido coloquialmente como “La Constituyente”.

Al momento no ha sido derogado el 01, de hecho está en marcha. Se consiguió que en la antidemocrática y no vinculante consulta se incluya el voto en blanco y un aplazamiento de dos semanas. En la práctica nada que cambie la realidad ni que impida la imposición del rector que mejor sirva a las políticas neoliberales de Peñalosa y Santos.

Se habla de un nuevo proceso de discusión de La Constituyente, no confiamos en estas promesas, pues es posible que no se firme nada o peor aún que se firme un proyecto alterado que no respete el verdadero espíritu de La Constituyente. No creemos que sea posible arrancar conquistas en ausencia de lucha, mucho menos comprendemos como es que se va a ratificar el estatuto general propuesto mientras se ejecuta el 01. No desconocemos la importancia de la política de derechos humanos, ni la importancia de las garantías académicas, en medio de una terminación atropellada de las materias que en la mayoría de casos no garantiza un verdadero proceso pedagógico.

Hasta el momento todo parece indicar que los estudiantes, profesores y trabajadores no hemos salido vencedores.

¿Por qué no hemos salido vencedores?

Las directivas se la jugaron a derrotar el movimiento por la vía del desgaste, evitan negociar mientras el movimiento está fuerte, toman represalias, dividen al profesorado, y saben que pasadas varias semanas y en ausencia de la solidaridad de otras universidades o sectores sociales, estarán débiles para negociar.

Las direcciones a nivel sindical como estudiantil tienen una política de “movilización controlada”, no tienen la política de convocar un paro universitario nacional, la unidad de los conflictos y sectores, ni de favorecer una verdadera alianza obrera-estudiantil. Por la política de conciliar y de concertar con el gobierno Santos, en el transcurso de 2016, se ha desaprovechado al menos dos posibilidades de crear una coyuntura de luchas nacional, todo en nombre del apoyo a las negociaciones de Paz, que ha pasado de ser un apoyo al justo cese del conflicto armado, a ser un apoyo velado a la política del gobierno.

La mayoría de activistas de las diferentes organizaciones, honestos y fervientes luchadores que desde el día cero resistieron, no son los responsables de esta situación. Los responsables son sus dirigentes y los altos dirigentes de los trabajadores, por ejemplo el Comando Nacional Unitario que mientras estaban en paro los campesinos, los indígenas, varias universidades, y se aprobaba el Plan de Desarrollo de Peñalosa, insistieron en aplazar el paro nacional hasta el otro semestre.

En este contexto general desfavorable para las luchas, existieron también errores que como movimiento social universitario cometimos y pagamos.

 ¿Entonces, fue un error parar? ¡Claro que no!

Cuando una lucha empieza no podemos saber cómo va a terminar, era justo luchar contra el antidemocrático 01 y la imposición del rector, sigue siendo justo luchar por la firma de “La Constituyente”. Una vez los estudiantes, maestros y trabajadores inician una lucha, nuestro deber es participar y aportar con todas nuestras fuerzas para que salga victoriosa. No debemos ahora desmoralizarnos sino aprender las lecciones que el paro nos deja, recomponer nuestras fuerzas y continuar nuestra lucha. No tendríamos moral para hacer este balance si no estamos presentes en la pelea.

Reivindicamos la actitud de todos los valientes luchadores que se dejaron la piel en este paro, en medio de enormes presiones y dificultades, presiones académicas de maestros que nunca dejaron de enviarles correos, económicas porque a los estudiantes de la clase trabajadora sus padres no pueden costearles pasajes y comida si no están estudiando, resistiendo a la represión, al dolor de la muerte de un compañero, fueron pequeños y anónimos héroes de esta lucha.

¡La lucha sigue!

No debemos dejar de exigir la firma del estatuto general propuesto por la comunidad y la derogatoria del 01. Si se llevan a cabo las elecciones a rector debemos denunciar la reglamentación antidemocrática y la imposición, exigiendo que la consulta sea decisoria.

La lucha hay que ligarla a las demás universidades públicas del país y sus conflictos, en aras de la construcción de un paro universitario nacional.

 

Los errores cometidos

  • El paro no se preparó por la base en la mayoría de Facultades. Muchos estudiantes y proyectos sintieron que “nos tocó” meternos al paro. Nuestras reivindicaciones fueron justas pero el nivel de conciencia de la mayoría de estudiantes era bajo.

-A diferencia de la experiencia del paro anterior, no ganamos a la base profesoral para el proceso, ni el 10% participó de las asambleas, los provisionales en situación de inestabilidad laboral fueron blanco fácil de la presión de los directivos y a su vez empezaron a presionar a los estudiantes.

  • Aunque la mayoría de decisiones se tomaron en las asambleas, el desarrollo de las mismas fue desgastante, empezando hasta tres horas tarde y citadas a hora de almuerzo, extendiéndose durante hasta seis horas, y enfrascándose en largas discusiones. Esta situación desmotivó y desmoralizó a muchos compañeros que optaban por irse antes de que acabara y peor aún por no asistir a la siguiente. Por lo que las decisiones se terminaron tomando a veces por los pocos que quedaban al final de la jornada, sobre todo activistas organizados que son los que resisten este tipo de dinámicas.
  • Una razón por la que las asambleas se extendían de más es el método de decisión a través del consenso, que es discutir hasta que todos estén de acuerdo. Nosotros consideramos que este método no es democrático sino todo lo contrario, si de 500 personas hay 4 que se oponen a una propuesta entonces, 456 no pueden llevarla a cabo, es la dictadura de la minoría.

Eso fue lo que sucedió en una asamblea en la cual por causa de unos pocos que no estaban por la firma inmediata de La Constituyente, la asamblea termina aprobando una fórmula intermedia.

  • Faltó mayor relación con la ciudadanía: reivindicamos las palabras de un estudiante “tomamos los edificios, faltó tomar las calles”.
  • Las acciones vanguardistas e individualistas configuradas en el método del tropel hicieron su tanto para desmoralizar al movimiento, rechazadas por las comunidades, gran parte de la base estudiantil y los padres de familia.

 

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