Encuentro Nacional de Organizaciones Sindicales, Sociales y Políticas: otra oportunidad perdida

El 8 y 9 de julio se realizó en Bogotá el Encuentro Nacional de Organizaciones Sindicales, Sociales y Políticas. Convocado tardíamente por el Comando Nacional Unitario -integrado por las centrales sindicales y otras organizaciones- tenía como objetivo principal convocar un Paro Cívico Nacional para el segundo semestre del año.

Autor: Juan Sánchez Ramírez, Directivo de la Asociación Sindical de Profesores Universitario. Universidad Nacional de Colombia

A pesar de que formalmente dicha acción fue acordada para el mes de octubre, el desarrollo del evento, sus conclusiones y la actuación de la dirigencia nos obliga a afirmar de manera categórica que el Encuentro fue otra oportunidad perdida para unificar la lucha social contra el gobierno de Santos y que, con esa dirigencia, no habrá paro nacional. A lo sumo se realizará otra jornada de protesta como la del 17 de marzo, que no obligará al gobierno a sentarse a negociar el pliego de peticiones y conquistar alguna de sus reivindicaciones.

Un evento burocrático al servicio de la “paz” de Santos

El Encuentro no fue precedido por asambleas de la base sindical donde se discutiera el Pliego Nacional que se presentó al gobierno en marzo y un plan de acción hacia el Paro Nacional. La totalidad de los participantes fue designada por las juntas directivas de los sindicatos u organizaciones sociales, o asistieron por su propia iniciativa. Esa realidad impide que sus conclusiones sean realmente vinculantes para las organizaciones de base. A lo sumo los activistas políticos tratarán de difundir sus conclusiones, limitadas a la ratificación del pliego, una declaración política con eje en el apoyo a la “paz santista” y su tramposo plebiscito y la convocatoria a un paro nacional para el mes de octubre, al cual ni siquiera se le definió fecha precisa.

El propio desarrollo del evento evidenció la actitud burocrática de la dirigencia sindical. Al foro sobre la situación política nacional no asistieron los invitados anunciados y terminaron reemplazados de manera improvisada. Luego se sesionó en comisiones dispersas por la ciudad de Bogotá, de las que se llevaron las relatorías a la sesión final, pero cuyos aportes no fueron tenidos en cuenta por la dirigencia de las centrales que se limitó a la lectura de una Declaración Política prefabricada. La propuesta de que se votara la fecha del paro no fue aceptada, desconociendo la potestad del propio evento.

Esta actitud indignó a una parte significativa de los asistentes, que decidieron continuar deliberando mientras los directivos de las centrales se retiraban del recinto. Pero tampoco este sector logró unificarse en torno a una Declaración Alternativa pues algunos plantearon como condición el respaldo al plebiscito convocado por el gobierno de Santos. Esa condición, que niega la posibilidad de la unidad de acción contra la guerra social que el gobierno adelanta contra los trabajadores y los pobres, desnudó la contradicción principal del Encuentro.

Las luchas dispersas, la dirigencia amarrada a Santos

A lo largo del año se han desarrollado importantes luchas de resistencia: protestas del magisterio, paros agrarios e indígenas, movilizaciones en defensa del medio ambiente, bloqueos camioneros, paros universitarios. Todas estas luchas son expresión de un profundo malestar social que clama por la centralización de los conflictos para enfrentar de conjunto los planes del gobierno. Pero esto no ha sido posible pues la mayoría de la dirigencia está comprometida con el apoyo al plan de paz de Santos y se resisten a propiciar una lucha generalizada contra sus medidas económicas y sociales. Saben que Colombia ha entrado en la dinámica de crisis del resto de América Latina, y tienen pánico a desencadenar una movilización que no puedan controlar.

Una expresión clara de esta política de colaboración con el gobierno ha sido la incorporación de Clara López, presidenta del Polo Democrático, al Ministerio de Trabajo. Del lado de la dirigencia sindical Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT declaró explícitamente que la jornada de protesta “con figura de paro” del 17 de marzo sólo tenía como objetivo descomprimir el malestar social. La dirigencia de las demás centrales, empezando por la CUT que es la mayoritaria, se limitan a plegarse a esta política desmovilizadora.

Tal vez el sector de trabajadores donde se expresa más nítidamente la contradicción entre la necesidad de las bases de luchar y una dirigencia hipotecada al gobierno de Santos es el magisterio público. La Federación Colombiana de Educadores, Fecode, representa a más de la mitad de los afiliados a la CUT, y es el gremio con mayor poder de convocatoria social a través de alumnos y padres de familia. Pero, a pesar de la necesidad del magisterio de enfrentar los planes de Santos, la dirigencia se ha limitado a movilizarlo en dos jornadas de protesta, el 17 de marzo y el 1 de junio, en lugar de impulsar el paro indefinido hasta derrotar los planes de Santos, que sirviera además de catalizador de las demás luchas.

El paro agrario y el paro camionero se libraron en condiciones similares, cada sector enfrentando solo la represión gubernamental y el desgaste de varias semanas de resistencia. En cada caso el gobierno logró sortear el conflicto con promesas o medidas parciales que no resuelven los problemas estructurales que los afectan.

Continuar la lucha, exigir una Asamblea Nacional Constituyente

Para superar esta situación de dispersión de las luchas y la política conciliadora de la dirigencia, las bases sindicales y populares debemos persistir en las luchas de resistencia, procurando fortalecer los mecanismos de coordinación sectorial o local y planteando con claridad que si no nos independizamos políticamente del gobierno no habrá ninguna posibilidad de concretar el Paro Nacional que se necesita para derrotar sus planes.

Esta contradicción se va a poner de presente en la posición que adoptemos los trabajadores y los pobres frente al plebiscito. Votar SI es el apoyo al gobierno de Santos que nos impone sus medidas antisociales y reprime violentamente nuestras luchas. Votar NO es estar del lado de los sectores más reaccionarios del capital encabezados por Uribe. Abstenernos no pasa de un rechazo pasivo a esta maniobra política.

Por eso debemos impulsar la exigencia de una Asamblea Nacional Constituyente, amplia, democrática y soberana, en la que podamos impulsar un programa radical de solución a los problemas estructurales de nuestra sociedad: tierra para los campesinos, trabajo estable para todos, salud y educación a cargo del Estado, ruptura de todos los pactos con el imperialismo, reparación para las víctimas, amplias libertades democráticas. Estas exigencias podemos hacerlas escribiendo en la papeleta de votación: Voto por una Constituyente. Estos votos serán la expresión política de nuestra independencia de clase frente al gobierno. Impulsemos esta alternativa política en el plebiscito al tiempo que luchamos por centralizar las luchas de resistencia contra los planes de Santos.

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